Los muros temblaban con su increíble juramento: Con él se reivindicaban miles de víctimas

sábado, 28 de mayo de 2011

Las vendí por cuatro perras.


Me importa una mierda los labios que quieras bordar. Pero con la que cae donde vas, desde que te han cerrao los tejados. Me limo las uñas no tengo ganas de trepar, la verdad es que ni ganas de na, tengo ya los nudillos cansados. De quitar cascotes cuando me empiezo a derrumbar, de apilarlos para sombrear y anudarme desnudo en tus brazos. Que teja en las tejas la lluvia que a mi me da igual, más difícil para resvalar, más sencillo quedarme enredado.

Después de pasar, la noche en tu agujero salgo del portal, y todo me importa un huevo, empiezo a escuchar. Un avispero y me vuelvo contigo y lo veo a colores mi lápiz se entiende de sucios amores y una sábana chorreando le da por pintar. Y de puertas pa afuera se hará todo añicos, pa cuando te enteras ya soy tu abanico, que me hice con varas del aire pa no molestar.

No busques razones de piedra no vas a encontrar, más que hiedra intentando abarcar, campos yermos que llevo por dentro. Y barro y marchitas muy secas que dan que pensar adoquines que están por pisar, pisotones haciendo senderos. Que ya tengo bastante con lo que poder fumigar, calendarios que miran pa atrás, tengo los dedos amarillentos. De buscar candela en la estela que haces al pasar, de estrañarme en tu enjambre y libar, con el humo de mis pensamientos

Corté la garganta del gallo que quiso cantar, alboradas para celebrar, que la noche se estaba muriendo. Que si no amanezco y me crezco me puedo tragar, cucharadas de la oscuridad, de tus ojos ya sin alimento

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